Me acusan de sexista ¡¿a mi?!

Que vivimos en una sociedad patriarcal y heteronormativa donde la igualdad entre los géneros solo existe sobre el papel es una realidad. Nos guste o no. Lo veamos o no. Que este patriarcado ha hecho un buen trabajo normalizando el sexismo, también es un realidad, lo veamos o no. “Las actitudes sexistas se sostienen en creencias y estereotipos tradicionales sobre los distintos roles de género” que llevamos aprendidos des de muy pequeños, nos guste o no. Pero hoy no quiero a entrar en esta discusión.

premio Facua 2016
Finalistas premiso Facua 2015

Hoy quiero reflexionar sobre como NO debería actuar una marca cuando es acusada de actitudes sexistas. Todos y todas nos hemos socializado normalizando estos roles tradicionales, lo que permite su invisibilidad y su reproducción inconsciente, y las empresas y sus responsables en publicidad, a menudo lo ponen de manifiesto: premios Facua, premios Sombra, entre otros, lo dejan claro.

Recientemente he vivido dos situaciones donde los community managers (o los que ejercen su función) de las empresas recriminadas, a mi entender y de muchas otras personas profesionales, pisotearon todas las recomendaciones infográficas sobre como actuar en caso de comentarios negativos en las redes: No reaccionar de forma impulsiva, no culpar a otros, hacer autocrítica, ofrecer soluciones, escuchar los comentarios, no borrar o ignorar los comentarios, controlar la situación, etc. ¿En esto, estamos de acuerdo?.

Uno de los casos fue un restaurante con una pizarra a pie de calle donde diariamente  escriben una frase ingeniosa. Uno de esos días tuvieron la brillante idea de escribir: “Si está buena y soltera está loca“. La foto de la pizarra apareció intencionadamente en las redes. A modo seguido emergieron comentarios de protesta en la fanpage de Facebook del restaurante en cuestión, exponiéndoles lo ofensivo del mensaje y pidiéndoles la retirada del mismo.

La primera respuesta del responsable de la marca fue: “lo ha escrito un mujer” ¡e incluso facilitó el nombre propio de la misma! (este señor asume que por ser mujer nos hemos socializado en Venus y, por tanto, estamos salvadas de reproducir todos los estereotipos de género). Tras avivar aún más las protestas tras este comentario, finalmente decidió pedir disculpas e informó que intentaría que no se volviera a repetir.

Aquí se quedó todo, por suerte para la marca.

Otro caso, que personalmente considero “de libro”, fue protagonizado hace pocas semanas por una discoteca. Publicó en su fanpage un vídeo donde una preciosa mujer se preparaba meticulosamente para salir de noche, acompañado del siguiente texto: “Ser mujer no es fácil, todo cuesta más, es un gran esfuerzo pero… ser mujer es maravilloso. ¡Y por fin!, tu dedicación tiene recompensa: Entrada y copa gratis todo el verano.”

Este mensaje puso en pie de guerra a un gran número de voces online, alegando que lo difícil de ser mujer no es (solo) ponerse guapa, y menos aún es una compensación la entrada gratis en un local de ocio. Esto se adereza con la respuesta del local a un hombre que cuestionaba porque ellos sí que tenían que pagar:”encontrarás un local lleno de mujeres”.

Esto acabó de incendiar las protestas, recriminando a la marca el trato que profería a las mujeres como si de ganado se trataran y creando el hastag #NoSomosProducto. La respuesta de la empresa fue realizar un segundo vídeo, donde la misma protagonista protesta por ser juzgada injustamente (muchos comentarios le aclaran que no se le juzga a ella, si no al mensaje del vídeo promocional) y adjuntando un “comunicado oficial” en el cual continuaba inamovible en su posición y reiterando como lícito el vídeo y la oferta, ya que “es una practica habitual” (la entrada libre) para premiar el esfuerzo de las mujeres por estar guapas, desoyendo claramente todos los argumentos expuestos en las protestas.

Las reacciones de rechazo, en lugar de disminuir, inundaron la fanpage, donde algunos escasos comentarios en defensa del local destacaban por ser escritos con letras mayúsculas y con evidente tono de enfado. Al mismo tiempo se usó la pestaña de valoración del local en la misma fanPage, haciendo que una ratio de 4.5 disminuyera a 2.7 en 3 días. La reacción por parte de la marca fue borrar un gran número de comentarios y bloquear a unas cuantas decenas de personas que los habían realizado.

Ante esta falta de sensibilidad por parte de la marca, aparece en Twitter una serie de tuits pidiendo la retirada del vídeo, acompañados del #NoSomosProducto (coincidiendo con el día en que las mujeres debían ir al local para recoger su premio para todo el verano) y acaba siendo TopTrendi en Barcelona.

Resultado: la callada por respuesta, el vídeo en la fanpage, una valoración dos semanas después que continúa en 2.7 y frustración en todas las partes.

La suerte de este local es que no hubo ninguna organización respaldando la protesta, y por tanto, las acciones no se realizaron de manera estratégica, sistemática y continuada.

¿Como lo hubieras gestionado tu?

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