Cuando no escuchamos los “pero”.

Las redes sociales ha incorporado nuevas posibilidades en mi (nuestra) comunicación cotidiana: mensajes instantáneos y en grupo. Ahora, ante cualquier aspecto a compartir, puedo abrir uno de mis grupos de Watshap (el que considero más adecuado en ese momento) y  acomodar mis alegrías y/o penas. Ésto, sin embargo y, por supuesto, tiene un coste: manejamos mensajes incompletos, solo texto, espontáneos, no siempre con los matices adecuados, planos, a menudo descontextualizados y que pasan a ser propiedad del receptor.

Y comienza la conversación, donde todas y todos los participantes tenemos y ejercemos el derecho a participar,  a dejar de leer al otro, dejar de ver al otro, de dejar de escuchar los “peros”del otro.

dos mujeres conversando
“Dos mujeres conversando” 1965, Francisco Zúñiga

La situación no virtual equivalente es aquella de charlar alrededor de una cena o unas cervezas, donde los interlocutores están en frente y tus palabras incorporan una información multisensorial. Por poco sensible, socialmente adaptada y empática que seas como persona, notarás la respuesta emocional de la interlocutora. Pero en las redes, solo nos queda la asertividad

Un ejemplo: el otro día una amiga que pasa por una difícil situación familiar, de meses de enfermedad, hospitalización e inminente pérdida de los padres, nos compartía su agotamiento y su lógica irritación ante la situación que vive. Yo, la “mejor amiga del mundo”, le doy el consejo que todos tenemos siempre a mano para “ayudar” al otro. Su respuesta fue que me ahorrara consejos, que ella lo único que quiere es poderse quejar…  Para mí, eso es asertividad, lo demás, marear la perdiz: Un mensaje claro y conciso sobre sus necesidades. Ante esto, mi decisión si aceptar o no la situación, que ya somos grandecitas y a las amistades las elegimos.

Otro ejemplo: yo lanzo una queja (sí, los amigos están para escuchar tus quejas, ¡es lo que hay!) y me paso una hora rebatiendo consejos que no deseo, que no me sirven, que no me gustan, que no quiero oír y que hacen que sienta que tengo que justificarme por haberme quejado, porque después de todo, la culpa de lo que pasa es toda mía. No fui capaz de encontrar la frase, el momento, la icona, la línea… para decir a mis amigos: no quiero vuestros consejos, solo quiero quejarme… Nadie escuchó mis peros, nadie vio mi expresión de cansancio y yo no supe explicarme mejor.

¿Quién nos enseña ese arte de expresar con respeto lo que necesitamos? ¿Dónde aprendemos a practicar esta necesitada asertividad ? ¿Lo incorporamos como una línea de recomendación en las “Condiciones de Uso” de las redes sociales?

 

 

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2 comentarios sobre “Cuando no escuchamos los “pero”.

  1. Es un mal, como dices, de la falta de elementos de comunicación no lingüísticos. Es cierto que siempre ha existido en una dirección, entre el escritor y el lector, pero nunca —salvo en cartas públicas— en ambas direcciones, y desde luego, de esta magnitud.
    Al final, en los casos polémicos acabas prefiriendo llamar por teléfono, pero te da pereza por no perder tiempo. O por no hablar.

    O por no escuchar.

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  2. Dejar de escuchar siempre es una opción (eso de “a palabras necias oídos sordos”) pero no resuelve el problema si la comunicación continúa.
    Ahora la comunicación es más constante y fluida, a nivel de intercambio de información, pero tenemos que aprender estrategias para que además de la información, nos comunique emociones, eso que se deposita mayoritariamente en el lenguaje no verbal y de la cual la palabra escrita carece…. (o nos conformamos con los emoticonos cada vez más variados?). Es curioso pensar que en un momento social donde nos aquejamos de que se lee menos y el lenguaje escrito se está pervirtiendo, la comunicación oral cara a cara es cada vez más residual… o quizás esto es solo una falacia de propaganda reaccionaria para no perder cuotas de poder…. el futuro nos lo dirá, espero.

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